Los mercados de futuros consisten en la realización de contratos de compra o venta de ciertas materias en una fecha futura, pactando en el presente el precio, la cantidad y la fecha de vencimiento. Actualmente estas negociaciones se realizan en mercados bursátiles.

Nacieron originalmente en el siglo XIX con el objetivo de proteger a los productores de materias primas en un mercado caracterizado por épocas de concentración de la oferta (de cosecha) y por precios muy variables a lo largo del año, que restaban atractivo a la labor.

Las consecuencias de estos contratos fueron evidentes. Imaginemos que acordó la compra de un kilo de trigo a 60 céntimos con fecha de vencimiento del 1 de Septiembre de 2018. Se supone que al llegar a esta fecha deberé pagar lo acordado, pero pueden pasar varias cosas:

▪ La primera es que el precio real sea muy similar al pactado, en cuyo caso no debería haber mayores problemas.

Precio Pactado: 60ctms        —          Precio Real:  61 ctms

“Beneficio”  1 céntimo /kg

“Ahorro”     1 céntimo /kg

 

▪ La segunda es que el precio real del trigo a esa fecha sea inferior al pactado, momento en el que me habré comprometido a pagar el kilo a un importe mayor del real.

Precio Pactado: 60ctms        —          Precio Real:  10 ctms

“Pérdidas”     40 céntimos /kg

 

▪ Y la tercera es que el precio sea superior al pactado y por tanto, una vez comprado al precio que se pactó en su día, puedo vender el kilo de trigo en el presente obteniendo un beneficio de la operación.

Precio Pactado: 60ctms        —          Precio Real:  100 ctms

“Benefício”     40 céntimos /kg

“Ahorro”        40 céntimos /kg

 

El vendedor también corre riesgos, evidentemente, aunque en cualquier caso este riesgo es compartido por ambos y los incumplimientos pueden venir de ambos lados.

Se necesita de una gran confianza entre las partes, pues si antes del vencimiento se ve una evolución de precios poco favorable, es necesaria la cooperación de ambas partes para adelantar la entrega, o para tomar algún tipo de medida para reducir el impacto de la variación de precios, antes de que se rompa el acuerdo.

Todo esto ha hecho que los “mercados a futuros” pasen a ser “mercados de futuro”, es decir, que se introduzcan en mercados organizados que traten de garantizar las condiciones de la negociación y el cumplimiento de los contratos. Esto se realiza en gran parte gracias a las denominadas “cámaras de compensación”.

La especulación

Con el ejemplo citado, se ve claramente lo atractiva que puede ser la operación en un mercado especulativo. Claro que no es el mercado en sí el que especula, sino los inversores.

De esta manera encontramos dos tipos de figuras: aquellos que participan en el mercado de futuros, para protegerse del riesgo en una actividad sometida a altas variaciones de precios (conocidos como “Hedgers”), y aquellos inversores que asumen el riesgo con la perspectiva de obtener beneficios futuros.

Los mercados a futuro no solo se realizan en torno a las materias agrícolas sino también a activos financieros, minerales, divisas, etc… y la liquidación no tiene por qué realizarse al vencimiento, de hecho cada vez es más extraño que esto pase.

Antes de dicha fecha, el inversor puede realizar una liquidación adelantada realizando operaciones a futuro inversas. En otras palabras, vendiendo cuando se es comprador o viceversa. De esta manera se intenta minimizar el impacto de las fluctuaciones de precio, algo que puede requerir de una atención continua a la evolución de los mismos.